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  • 27 Junio, 2021
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La conservación en tiempos de pandemia

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Dr. Juan Pablo Juliá

La tierra atraviesa un período de grandes cambios, provocados por las actividades humanas. Dada la desproporcionada influencia de nuestra especie en todo el planeta, este período ha sido dado en llamar Antropoceno. El mismo se caracteriza por un conjunto de efectos nocivos y bien documentados sobre los ambientes naturales. Estos efectos incluyen la contaminación de la atmósfera, mares, ríos y ecosistemas terrestres, el cambio climático antropogénico y un ritmo de extinción de especies que muchos autores equiparan a los grandes eventos de extinciones masivas ocurridos en el pasado geológico. A todas estas calamidades, desde el año pasado, la humanidad sufre los efectos de una pandemia (provocada por el virus SARS-CoV-2), que ha afectado nuestras actividades y costumbres de una forma y alcance que aún no alcanzamos a dilucidar. Este efecto sobre las actividades humanas se hizo notar, sobre todo en los comienzos de la pandemia, con la difusión de imágenes inusuales de ambientes que parecían mejorar y animales que se dejaban ver en lugares poco habituales. Un muy reciente trabajo (Bates et al., en prensa) da cuenta de cientos de reportes y observaciones que dejan en evidencia, cuán rápido pueden recuperarse algunos ambientes cuando cesa la acción humana sobre los mismos. No estamos hablando de recuperación de especies, esto requiere de meses o años (según la tasa incremento poblacional propia de cada una de ellas) para hacerse evidente, si no del efecto en la atmósfera y los ríos con el cese de las actividades fabriles y el transporte. Las imágenes recordaban, salvando las distancias, al libro de Alan Weisman (2007) “El mundo sin nosotros”, o a la miniserie “Life after people” (2008-2010). Ambos constituyen un ensayo de cuán rápido desaparecerían las infraestructuras humanas, se recompondrían algunos ecosistemas y que especies se verían beneficiadas y cuales perjudicadas con nuestra repentina desaparición.

Mientras los más optimistas auguraban la recuperación de los ambientes naturales y el amanecer de una nueva forma de vincularnos, tanto entre nosotros, como con la naturaleza, la pandemia afectaba negativamente muchos proyectos y actividades de conservación. Bates et al. (en prensa) dan cuenta de cómo las restricciones al movimiento de personas afectaron tareas de control y fiscalización de actividades como pesca, caza y tala ilegales, proyectos de conservación y actividades como el ecoturismo, que en parte financian muchas de las acciones de conservación. Lo que en un primer momento generó un sin número de buenas noticias, también trajo aparejados numerosos efectos negativos, habida cuenta de la dependencia de muchas especies y ecosistemas de las acciones de protección y conservación humanas. En este último sentido, la pandemia supuso un formidable desafío para la continuidad de las actividades de rescate de fauna y los proyectos de conservación de la Reserva Experimental Horco Molle. Las visitas del público constituyen la principal fuente de financiamiento de la REHM y su suspensión supuso un fuerte impacto en las finanzas de la misma. Si bien el mantenimiento y alimentación de los animales al cuidado de la reserva, fue cubierto con los ahorros de esta y la ayuda permanente de la Facultad de Ciencias Naturales y el rectorado de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), los recursos para el rescate de fauna y los proyectos de conservación de especies amenazadas de nuestra provincia, se redujeron drásticamente. El rescate de fauna se redujo casi a cero, mientras que el mantenimiento de infraestructuras y el desarrollo de proyectos de conservación requirieron de la búsqueda de fuentes de financiamiento externas, que se tradujeron en aportes de particulares, empresas, subsidios para proyectos de conservación y manejo, de la Honorable Legislatura de Tucumán y del Ente Tucumán Turismo. Luego del parate inicial, estos ingresos permitieron continuar, aunque a un ritmo menor, con los principales proyectos de conservación de la REHM, los que constituyen una nueva y desafiante etapa de nuestra institución. Luego de años de cooperar con algunos de los proyectos de recuperación de especies de fauna más importantes del país (proyecto cóndor, proyecto águila coronada y reintroducción de especies en los Esteros del Iberá), la REHM había iniciado, en el año 2018, sus propios proyectos con 3 especies emblemáticas de la fauna tucumana. Para ello, como en la mayoría de este tipo de proyectos, nos asociamos a actores clave, a fin de generar la necesaria sinergia y unir nuestras fuerzas para llevar adelante los mismos. Un actor clave y común a todos estos proyectos fue la Dirección de Flora, Fauna Silvestre y Suelos de la provincia, dependiente de la Secretaría de Estado de Desarrollo Productivo, responsable de dar el visto bueno y las autorizaciones correspondientes. Así surgió el proyecto de reforzamiento de poblaciones de tucán, desarrollado en conjunto con la Universidad de San Pablo – Tucumán. Este proyecto rescata, rehabilita y libera ejemplares de tucán grande (Ramphastos toco), especie que había desaparecido de nuestra provincia hasta hace solo 10 años. Hoy tenemos varios individuos a la espera de completar costosos estudios veterinarios, necesarios para su liberación segura. Al proyecto tucán, le siguió el de rescate de la rana marsupial de la banderita (Gastrotheca gracilis), esta vez junto al Instituto de Ecorregiones Andinas (del CONICET y la Universidad Nacional de Jujuy). Esta rana, endémica de las selvas de montaña de Tucumán y Catamarca, se ve amenazada por la destrucción de su hábitat, la introducción de truchas y la ganadería. El proyecto ha creado un centro de cría y exhibición, con fines científicos y educativos, de esta especie en la REHM y financiado mayoritariamente por Amphibian Ark, una organización que apoya proyectos de conservación ex situ de anfibios en todo el mundo. Para finales del 2020, estaba previsto el evento más trascendental de ejecutado por la REHM en su historia. Nuestro más reciente (solo por su fecha de lanzamiento) y más importante proyecto de conservación, como es la reintroducción del tapir (Tapirus terrestris) en la provincia, tenía previsto la liberación de los primeros ejemplares. Este proyecto había sido planteado por primera vez, como un ejercicio teórico, en el I Simposio Internacional de Tapires, realizado en el 2001 en San José de Costa Rica. Desde entonces la REHM había participado de numerosos trabajos que involucraban a esta especie; cooperando en el diseño de planes de conservación, de sanidad y en manuales de translocaciones y reintroducciones. En este proyecto habían unido sus fuerzas la UNT (a través de la Facultad de Ciencias Naturales e IML, la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología y el Parque Sierra de San Javier), la provincia, empresas privadas y aportes de particulares, entre otros. Superados los inconvenientes generados por la pandemia, y luego de 20 años de trabajo, estamos próximos a liberar los primeros ejemplares a finales de este año e iniciar el camino del retorno del mamífero terrestre más grande de Sudamérica a nuestra provincia.

La pandemia aún no ha concluido, pero muchas de sus lecciones en el campo de la conservación y específicamente en la gestión de la reserva ya comienzan a asomar. Nos ha obligado a diversificarnos, a generar y reforzar vínculos, a superar obstáculos y cuando todo esfuerzo parecía vano, a redoblar nuestro empeño.

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